Transmedialidad de la práctica dancística durante la pandemia por COVID-19 Estudio de caso: Adagio by Fátima Priego

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El hombre primitivo concibió al movimiento como un medio de comunicación, creando así un lenguaje corporal que les indicaba actividades o rituales propios de las tribus a las que pertenecía. La danza no es ajena a esa concepción, con la variedad de géneros dancísticos, estudiantes, bailarines y maestros, saben cuál es su identidad y lo que significan los espacios, tiempos, líneas y movimientos. Bailar ha permitido que el hombre explore profundamente cada parte de sí, es un abrazo para el alma, escuchar la música a través de los sentidos, provoca un éxtasis que impulsa a crear poemas en el escenario, el cuerpo es un templo que resguarda sentimientos que son transformados en danza. Hace tres años, no se concebía lo difícil que podía ser dañar ese templo, dañar toda una historia, con años de estudio y profesionalización, que quedaron suspendidos en el aire, por un virus que hizo que todo el mundo regresara a la cueva. La formación artística de la danza, dentro de sus complejidades en su área disciplinar, tuvo que enfrentar una serie acontecimientos que marcaron la historia de ésta y todos sus componentes, mismas que quedaron guardadas en los grandes repositorios que el mundo mediático ha regalado al mundo, como un aglutinante que salvaguarda memorias y las mantiene vivas. Ser estudiante de ballet clásico y parte de mi experiencia danzando en casa, quedaron registrados en videos y fotografías, que, sin duda, al verlos de nuevo, escudriñan cada vez más mi mente, preguntándome: ¿cómo fue posible adaptarme al cambio?, ¿a tener un salón virtual? En los primeros días cuando la danza empezaba a invadir cada espacio de nuestras casas, no era raro, en esos momentos de pausa, tomar el móvil y ver que escuelas nacionales e internacionales, a través de Instagram, hacían transmisiones en vivo con bailarines reconocidos por todo el mundo, dando clases y motivando a toda la comunidad dancística a no bajar el ritmo. Fue una experiencia irremplazable tomar clases con Isaac Hernández, Katia Carranza y Eliza Carrillo Cabrera, tres bailarines mexicanos importantes en el mundo, pero también lo fue con Vadim Proshichev, maestro ruso; Kiri Chapman, bailarina y maestra brasileña de géneros latinos y ballet clásico, y Adam Boreland, bailarín estadounidense. La condición de estar dentro de una crisis emergente siendo estudiante de ballet, despertó el interés por analizar los conflictos que con el paso de los días, la pandemia iba dejando: la transformación de espacios de convivencia familiar y después el privado; dejar de usar uniforme; bajar el ritmo de la prácticas; fallas en los dispositivos tecnológicos e internet, entre otros aspectos que fueron difíciles de afrontar, por aquellas cuestiones que no estaban en nuestras manos y no se podían controlar. Toda esa experiencia le da sentido a este trabajo recepcional; analizar, por supuesto, una institución educativa enfocada a la danza clásica, transporta a distintas áreas de estudio que posibilita hacer reflexiones teóricas en las que se pueden discutir con diversos autores, todos los parámetros que el tema central puede tener. En esta investigación compete mencionar los cuatro puntos de análisis en las que se centra: Institución escolar, Práctica artística (danza clásica), Emergencia y Tecnología, este cuarteto, plantea una nueva condición disciplinar. En el capítulo 1, Sumersión de la danza clásica a la convergencia cultural se abordan temáticas que ayudan a comprender el contexto general del fenómeno social de la transmedialidad de la danza clásica, éstas quedan definidas cómo: experiencia mediática artística; razones del estudio; precedentes del problema, en este espacio, se plantea cómo se da el proceso de transmedialidad de la práctica formativa de danza clásica en las plataformas digitales durante el periodo de pandemia del COVID-19, como un escenario emergente. Por otra parte, en el capítulo 2, El escenario emergente de las prácticas artísticas, está la discusión teórica que amplían el panorama de la investigación, estos se dividen en las siguientes líneas temáticas: perspectivas fundamentales teóricas; institución escolar y prácticas de la danza clásica; emergencia, prácticas, y transmedialidad; tecnologías y educación: plataformas digitales y transmedialidad, aquí se encuentran explicaciones de cómo la pandemia transforma la educación y las relaciones sociales que existen en las instituciones educativas, anudado a que la tecnología comienza a ser parte fundamental para la comunicación. En el capítulo 3, Intervención metodológica al campo emergente, la metodología detalla el proceso de la presente investigación, mismo que abarca puntos como: alcance y enfoque de la investigación, objetos de estudio, técnicas y herramientas de recolección de datos y técnicas de análisis de resultados de la información, tomando en cuenta que la aplicación de matrices fortalece la parte analítica de donde se desprenden puntos claves que se atienden en la fase empírica. El capítulo 4, Fase empírica del estudio de caso, el modelo de análisis empleado lleva a una reconstrucción de los hechos mostrando ampliamente los cambios que la crisis sanitaria provocó, esto a su vez, ayuda a tener puntos de partida para futuras investigaciones. La alteración de todo un núcleo escolar está explicada puntualmente dentro de dimensiones que analizan y ponen sobre la mesa, las partes críticas que maestra y alumnos, sufrieron al tener que migrar a un aula virtual. La investigación por si sola, demanda un estudio artístico-cultural, en donde interviene la tecnología y cómo la fusión de ambas, logra diseñar problemáticas que pueden ser estudiadas con teorías de comunicación, para generar nuevos conocimientos que aporten de manera significativa a las áreas pertinentes en donde este análisis pueda encajar.

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