Utilización de vegetación temporalmente sumergida por peces en estadio de desarrollo temprano

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En todos los ecosistemas, la comunidad es la unidad de estudio más relevante para entender la dinámica de la naturaleza, pero los puntos centrales de atención lo constituyen el modo en que las agrupaciones de especies están distribuidas en ella, así como las formas en que estas agrupaciones pueden ser influidas, o causadas, por las interacciones entre las especies y por las fuerzas físicas del ambiente que las rodea (Begon et al. 1988). Un primer paso para el estudio de las comunidades suele ser la búsqueda de esquemas en la estructura y la composición de las mismas. Según cita Petry (2000) la composición, abundancia y distribución de las especies dentro y entre comunidades bióticas, depende de la disponibilidad de recursos, la variación ambiental y las interacciones biológicas. Aunque existe controversia en cuanto al papel de los factores abióticos en la estructuración y regulación de los ensamblajes de especies, muchos autores afirman que las características abióticas pueden modular la composición y distribución de estos ensamblajes de acuerdo a su tolerancia fisiológica a las condiciones ambientales y la disponibilidad de hábitat apropiados. Se ha probado que la complejidad estructural espacial de los hábitat son un importante factor en la estructuración de los ensamblajes de especies. En este aspecto, los sistemas acuáticos son también motivo de gran interés porque los organismos que en ellos viven son una importante fuente de proteína animal. Numerosos estudios sobre estos ecosistemas han demostrado que existe una complejidad en las relaciones poblacionales similar a aquella que se presenta en muchos sistemas terrestres. Entre estos dos tipos de ecosistemas se encuentran los sistemas de transición entre las zonas terrestres y las acuáticas, denominados como humedales. En ellos las condiciones ambientales cambian radicalmente a lo largo del año en virtud de que en determinadas épocas son muy similares a un ambiente completamente terrestre y en otras a uno completamente acuático (Moss, 1998). No obstante esta definición, la Convención Ramsar (1996) considera el término "humedal" en un sentido más amplio, incluyendo ríos, lagos, lagunas y zonas costeras cuya profundidad no exceda los 6 metros. Entran en esta definición todos los sistemas dulceacuícolas o salinos, corrientes o estancados, permanentes o temporales y naturales o artificiales. Los humedales tienen un valor que puede determinarse en tres niveles: el valor que tienen para la población humana, el que tienen como ecosistema y su valor global en el planeta. Para la población humana su valor principal está basado en la presencia de especies útiles para alimentación y para actividades recreativas como la caza y la pesca. Como ecosistemas, los humedales moderan los efectos de las inundaciones y mejoran la calidad del agua. A nivel global contribuyen a mantener los niveles de nitrógeno disponible, sulfuro atmosférico, bióxido de carbono y metano (Mitsch y Gosselink, 1993). Como ejemplo se puede citar el trabajo de Thompson y Polet (2000), quienes hicieron un amplio análisis que muestra la importancia que los humedales africanos tienen para las comunidades, particularmente por su uso temporal para la siembra de arroz. No obstante su probada utilidad, Moreno y Niell (2008) consignan que aún cuando las zonas de humedales, plantaciones de arroz, entre otras, son importantes productoras de metano, su producción depende de la temperatura del sedimento, así como de la concentración de sulfato y salinidad en el sedimento y a la competencia entre bacterias metanogénicas y sulfatorreductoras por un mismo sustrato, encontrando que en el estuario del río Palmones, la capacidad de producción de metano puede ser hasta ocho veces inferior a la del río. En el documento de la Convención de Ramsar (1996), se presenta un listado de 10 funciones importantes de los humedales, resultado de la interacción entre los componentes físicos, biológicos y químicos de un humedal, como el suelo, el agua, las plantas y los animales: Control de inundaciones Reposición de aguas subterráneas Estabilización de costas y protección contra tormentas Retención y exportación de sedimentos y nutrientes Mitigación del cambio climático, en particular la precipitación y la temperatura Depuración de aguas, por retención de nutrientes, sedimentos y sustancias contaminantes Reservorio de biodiversidad Productos de humedales Recreación / turismo Valor cultural La comprensión y documentación de las múltiples funciones de los humedales y de su valor para la humanidad han venido aumentando en los últimos años, dando lugar a inversiones importantes para restaurar funciones de humedales degradadas o ya no desempeñadas por ellos. Debido al gran deterioro de estos sistemas, cada vez se está poniendo más atención a los humedales y los servicios que prestan. Su capacidad de adaptación a la evolución de las circunstancias y a índices de cambio cada vez más rápidos, serán determinantes para la vida silvestre y las comunidades, conforme se empiece a sentir el impacto del cambio climático en los mecanismos de supervivencia de los ecosistemas. El creciente interés de otorgar valor económico a los diferentes ecosistemas del planeta, ha llevado a considerar que el valor global de los humedales asciende a 14,9 billones de dólares EE.UU. En un estudio sobre los ecosistemas (Costanza et al., 1997), los servicios ecosistémicos de los diferentes tipos de humedales, definidos por la Convención de Ramsar, se valoraron como sigue: Estuarios: 22,382 dólares/ha/año → 4,100,000,000,000 dólares/año Praderas de pastos marinos/algas: 19,004 dólares/ha/año → 3,801,000,000,000 dólares/año Arrecifes de coral: 6,075 dólares/ha/año → 375,000,000,000 dólares/año Marismas de mareas/manglares: 9,990 dólares/ha/año → 1,648,000,000,000 dólares/año Pantanos/llanuras inundables: 19,580 dólares/ha/año → 3,231,000,000,000 dólares/año Lagos/ríos: 8,498 dólares/ha/año → 1,700,000,000,000 dólares/año No obstante que los humedales se encuentran entre los ecosistemas más ricos que prestan apoyo a la vida en el planeta, están entre los más amenazados y destruidos, porque no se valoran en términos económicos y monetarios los bienes y servicios suministrados por ellos, debido a que a los humedales se les percibe como un bien común. En mayo de 1999, se estableció el "Marco estratégico y lineamientos para el desarrollo de la Lista de Humedales de Importancia Internacional", cuyo objetivo es crear y mantener una red internacional de humedales que revistan importancia para la diversidad biológica mundial y para el sustento de la vida humana debido a las funciones ecológicas e hidrológicas que desempeñan (Ramsar, 1994). Dentro de la lista de sitios Ramsar están incluidos 112 sitios para México, que ocupan 8,118,927 hectáreas (Ramsar, 2008). Las características fisiográficas del Estado de Tabasco favorecen la presencia de grandes extensiones de humedales, mismas que son aprovechadas por los habitantes para la pesca durante la época de inundación y para la siembra de cultivos temporales durante la época de sequía. A partir de 1992 fue decretada en este Estado una Reserva de la Biosfera llamada "Pantanos de Centla" y desde 1995 fue designada como sitio Ramsar; en esta zona la actividad primaria es la pesca, pero en los últimos años se ha observado un drástico aumento de la ganadería, cambiando el uso del suelo al sustituir la vegetación natural por pastizales para la alimentación del ganado. La tasa promedio de sustitución de vegetación herbácea de 1995 a 2000 fue de 1080 ha/año, cantidad que muestra la rapidez del cambio (Sánchez et al., 2007). Estas alteraciones pueden tener un impacto importante en las poblaciones que dependen de la dinámica de los humedales para su sobrevivencia, ya que existen numerosos reportes de investigaciones que han determinado la importancia de la vegetación sumergida en los ciclos de vida de muchas especies. En la Reserva se ha empezado a desarrollar una intensa actividad de investigación en donde participan distintas instituciones (Romero, 2000). Estas investigaciones han servido como base para establecer el Plan de Manejo para la Reserva (SEMARNAP, 2000), el cual define lineamientos generales para su operación, presentando una zonificación de actividades permitidas, pero no define estrategias de explotación específicas. Un elemento esencial para la definición de estas estrategias es conocer el impacto real que esas modificaciones causan sobre las especies, por lo que el trabajo que aquí se presenta busca determinar la importancia que en esta zona representan las áreas inundables, con diferente tipo de vegetación, para el desarrollo de especies de peces; los resultados aquí obtenidos podrán servir como elementos para normar los criterios de uso de suelo, en las áreas que representen zonas estratégicas para la conservación de las especies.

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